Octubre fue un mes especial para la comunidad de la Universidad de los Andes. Alumnos, administrativos y académicos vivieron las ceremonias que cerraron el ciclo de preparación de los sacramentos de iniciación cristiana. Este año el interés creció: 118 personas fueron confirmadas, de los cuales 30 recibieron la Primera Comunión y 8 de ellos también se bautizaron.
Entre abril y octubre, cada grupo participó en su ciclo de catequesis, coordinado a través de la Pastoral Uandes. Luego, los viernes 16 y 23 de octubre, se celebraron las ceremonias, presididas por el obispo Luis Migone y el presbítero Pedro Ríos, en la Parroquia San Alberto Hurtado de Las Condes.
Para Tomás Meller, encargado de comunicaciones de la Dirección de Alumni, que recibió la Confirmación, el camino fue muy significativo. «Fue una experiencia muy grata, especialmente porque mi catequista fue Juan Ignacio Brito, quien también fue mi profesor durante mis estudios de Periodismo en la Universidad y con quien tengo una muy buena relación. Eso hizo que el proceso fuera muy entretenido y cercano. Además, me enseñó mucho desde una perspectiva histórica, lo que me permitió conocer y comprender mejor el significado de este sacramento. La ceremonia fue muy bonita y significativa».
El profesor Juan Ignacio Brito, por su parte, vivió por primera vez la experiencia de ser catequista y acompañó a dos egresados de la Uandes. «Fue una experiencia muy bonita, porque sirvió, por mi parte, para refrescar y adquirir conceptos y conocimientos, y, por la de ellos, para prepararse para recibir un sacramento y progresar en su camino», comentó.
Ana Sepúlveda, jefa general del proyecto pastoral Sacramentos y estudiante de Psicología, reconoce que entre tanta logística a veces se pierde de vista lo más importante: «A veces se nos olvida la grandeza de lo que Dios está haciendo en los corazones. Pero llega el día de la Confirmación, y uno vuelve a lo esencial: ¡Qué grande es Dios! Hay personas que, por acción del Espíritu Santo, están decidiendo ponerlo al centro de sus vidas (…) quizás lo más bonito es la paz que da saber que, a pesar de nuestras limitaciones, Dios nos permite ser instrumentos».
En la misma línea, Benjamín Brahm, estudiante de Medicina e integrante del proyecto, recuerda lo que significó acompañar a otros: «Como catequistas, tuvimos la preciosa misión de transmitirles la fe y acompañarlos en su camino hacia la amistad con Dios. Desde la jefatura, hemos procurado que cada catequista y cada catequizando tuviera los medios y el acompañamiento necesarios para vivir bien este proceso. Hoy vemos a quienes se prepararon con nosotros acercarse a la oración, crecer en su afán de santidad y recibir los sacramentos con alegría y compromiso. Eso es lo que da sentido al trabajo de todo el año».





